Riesgos de una noche

Y un día por fin, sucedió.

Tras una larga noche repleta de palabras juntas que repetían mil frases que ya habíamos escuchado antes, nos decidimos. Estábamos más relajados, o quizás solo lo estaba yo o solo tú. Tal vez, simplemente eran las ganas que teníamos de que pasara esto. Los dos lo habíamos imaginado tanto… Así que decidimos como siempre pedirnos una botella de vino. Y al acabar la cena, decidimos tomarnos otra recorriendo nuestra ciudad preferida en tu moto. Una, dos, tres copas… Hasta que decidí perder la cuenta y perder el control de la situación. Tomaste mi mano, me miraste y automáticamente me lo dijiste todo sin decírmelo. Así que me pusiste el casco para protegerme de mi posible huída, más que previsible. Lo que pasaba es que… No sabías que ya no había espacio ni ganas para ella.

Y así un día por fin, mis dedos desabrochaban los botones de tu camisa…

Leticia Lorena Puertas

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