Hay razones que el corazón no entiende

Entre canciones nostálgicas, soñadoras y románticas de Andrés Calamaro se esconden más de mil noches.

Mil noches donde las chicas hablan con otras chicas de que hay razones que ni el corazón entiende. Mil noches explicables, transformadas en racionalidad cuando uno se levanta. Mil noches que no saben por donde empezar y donde los sentimientos se insinúan pero no se atreven a declararse. Noches de mil horas, mil noches cortas. Mil, en las que tienes frío y buscas calor. Mil en las que te quiero pero no estoy enamorado y otras mil, donde las almohadas se abrazan a otras personas, esperando que sean aquellas que desean.

Noches donde se descubre que el corazón necesita más acción de la que le dan, y es hora de partir. Mil noches, de contigo y sin ti. Mil noches que las que te vas porqué te persiguen… ¿Quién? Pues quién va a ser… el miedo. Noches mil de pasión y en las que mandan mil instintos. Mil noches donde las personas se dan cuenta que han cambiado y que han encontrado a otra persona. Mil noches de me voy, perdón, te parto el corazón pero entiéndeme. Mil noches en las que me dices: “somos blanco y negro, pero podemos ser gris”.

Mil noches que sientes lo que nunca nadie te había hecho sentir.

Mil noches en las cuales te recuperas y me das cuenta que es mil veces mejor así.

En las que el mayor riesgo es no arriesgar.

Mil en las que duermes poco pero sueñas mucho.

Y otras mil, donde lo mejor está por llegar.

Mil miradas que no hacen falta palabras en mil noches que mandan. Y mil noches en la que te das cuenta de que te fuiste porqué alguien mejor llegó.

Mil noches en las que siempre estás quejándote de todo y a la vez fingiendo no darle importancia a nada, y en las que vives de esperanzas pero ni sabes que esperas (J.C.).

Mil noches en las cuales más de uno busca compartir.

Mil noches sólo de una noche inexplicable.

Mil noches por delante… 

Acción poética, Sudamérica.
Acción poética, Sudamérica.

“La otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas, mil horas, como un perro…

Y cuando llegaste me miraste y me dijiste:

Loco, estás mojado. ¡Ya no te quiero!”

Andrés Calamaro

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