Carta de una niña a su padre

Aún recuerdo como si fuese ayer cuando todos los planetas decidieron que te ibas. Y a mi nadie me avisó, ni siquiera un golpecito por detrás, diciendo cuidado mira quien te viene a visitar… Aún recuerdo como me dormí aquel domingo y rompía la costumbre de levantarme antes, bajar al sofá y esperar a que te fueses para volverme a dormir. Tuve que aprender a decirte adiós y aún de vez en cuando lo sigo aprendiendo. 

“Quizás no llegues a ver esto nunca papá o quizás te lo diga yo todos los meses cuando venga a visitarte al cementerio o quizás ya estás viendo todo esto desde allá arriba, donde nos observes a cada uno de nosotros, donde creo que estarás muy preocupado por como lo estamos pasando, pero tranquilo que todo lo superaremos.

No hace falta que te vuelva a decir que te quiero, porqué creo que te lo he demostrado en numerosos momentos y a pesar de todo de lo que nos hemos enfadado, me has gritado o cualquier cosa, lo has hecho por mi bien. Porqué sé que algún día quieres que sepa valerme en la vida y ganar dinero para mantener mi familia y que aprenda a ser feliz, y sobre todo porqué me haga querer tal y como lo haces tú.

Sé que ahora ya no podré chillarte, ni abrazarte, ni decirte pesado, ni que nos riamos los dos juntos en el coche por tonterías de la gente… Pero que le vamos a hacer, son cosas de la vida, que no tienen remedio y que necesitamos asumirlas, y subir cada peldaño…

También sé que en estos momentos estarás mirando como Mamá habla con Cristina, como me he manchado la mano y como te escribo esto tan largo. Voy hacer todo lo posible por hacer lo que deseabas, y también por sacar esos sobresalientes en matemáticas que yo considero imposible.

No sé si esto nos hará más fuertes, más débiles no lo sé Papá. Lo único que te pido que hagas es que desde allá arriba me ayudes en todo lo que puedas y que me guíes para escoger el camino más correcto. Ayuda a Mamá, a que sea fuerte (más de lo que es) (ayuda a la abuela Ada) en todo y acompáñala en todo momento. También a Sofia aunque es muy pequeña lo necesita y te quiere mucho. Pero a Mamá antes que a mí, porqué a través de ella, nos apoya y nos hace ir para delante, tal y como seguro que deseas.

No te preocupes por nada porqué las tres juntas (más todo el mundo) haremos todo lo que haga falta, aunque falten las comidas de los domingos, las barbacoas en verano, los paseillos en el mar y en fin… todo lo que sabes. Intentaré cuidar de todos tal y como tú lo hacías (y haces) pero dejaré que los demás me cuiden a mi también, mientras nos esperas porqué yo sé que algún día nos reuniremos todos, sea donde sea. (Por cierto, ayúdame a buscar el teléfono del chico éste para que arreglemos la piscina, que me preocupa). 

Otra cosa que te quiero pedir (aunque son demasiadas y intento resumirlas) es conseguir que la familia se una (las tias, la abuela) igual no estás de acuerdo con esto, pero en la vida hay que saber perdonar y lo sabes.

En cuanto superemos esta etapa de la vida (otra más), me sacaré el PER y saldremos en el barco, porqué era una de nuestras mayores ilusiones (espero que Mamá me deje… ya sabes) porqué cuando note la brisa del mar o el viento estarás a mi lado derecho sonriendo. 

Siento manchar la carta, ya la he vuelto a repetir pero no puedo evitarlo…

No sé que decirte más… Ah sí! Ahora me he vuelto más creyente no sé porqué, intentaré ir a la Iglesia más a menudo, a rezar por ti, y otra cosa todos los meses como mínimo iré al cementerio a dejarte unas flores y a hablar contigo y contarte todo lo que me pasa, y como va todo. 

Cuidaré de ti, aunque no te pueda ver y de todas tus cosas, aunque estén desperdigadas. Papá te quiero mucho, eres esencial para mí (lo sabes), pero la vida sigue y esto no quiere decir que te haya perdido del todo, ¿no? 

(…)

Bueno te dejo, debes descansar. No te defraudaré, te quiero mucho y te querré siempre. Tu hija Leticia.

17/05/2007″

Hoy en día las cosas han cambiado tanto con respecto a esa carta. Ya sabes, que todo se transforma.

Aún recuerdo el día que decidí entrar en el hospital a verte, mientras te estabas yendo. Yo siempre tan cabezota, ante la negativa de mi madre lo hice. Quería decirte algo, lo que fuese, que te quería, no lo sé… Y las piernas me fallaron y me tuvieron que sacar de allí a los diez segundos. Y mi mundo falló.

No me perdoné no haberte dicho adiós, pero hoy me doy cuenta que nunca me hizo falta decírtelo porqué siempre estás y estarás conmigo.

Con esta carta escrita por mí cuando tenía 16 añitos solo quería hacer mención a todas las personas que han perdido a sus padres, a sus madres y a sus hermanos por el camino. Bueno y no sólo a esos, sino a personas que forman parte de nosotros. Todos tenemos una pequeña cicatriz en el corazón. Y con ella va acompañado, un cambio total en nuestra vida. A veces más radical, a veces más leve. A veces tan diferente…

Leticia Lorena Puertas

 

Had I known how to save a life?

The Fray

 

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